Homenaje al maestro Isao Takahata

El pasado 5 de abril a la 1.19 horas nos dejó a la edad de 82 años debido a un cáncer de pulmón Isao Takahata. Fue director de animación y uno de los fundadores de Studio Ghibli, ha sido una figura imprescindible de la animación japonesa y uno de los artífices de su evolución. A continuación tenéis un repaso a su trayectoria en los 57 años que estuvo en activo y la huella que ha dejado a su paso, en ocasiones de manera discreta.

Los inicios

Isao Takahata nació en 1935 en Ise, prefectura de Mie. Cuando contaba con tan solo 9 años de edad, él y su familia sobrevivieron a los ataques norteamericanos a la ciudad de Okayama. Esta fue una de las experiencias que le convencieron de ser una persona pacifista. A la edad de 24 años se graduó en la Universidad de Tokio con una licenciatura en Literatura francesa. Durante su etapa universitaria tuvo la ocasión de ver la película El rey y el pájaro (Le Roi et l’Oiseau, 1953)1, con la que aumentó su interés por el mundo de la animación. Al contrario de lo que sucedió con Hayao Miyazaki, Takahata estaba más interesado en la dirección y guionización y no tanto en el dibujo. Un amigo le comentó que había un estudio de animación recién formado que estaba reclutando personal. Ese estudio se llamaba Tōei Dōga.

Época Tōei Dōga

Una vez pasó la prueba de acceso, Isao Takahata empezó a trabajar como asistente de dirección en la película Anju to Zushiōmaru (The Littlest Warrior, 1961). Durante esta etapa hizo amistad con Yasuo Ōtsuka (que se convirtió en su mentor) y con un joven Hayao Miyazaki, con quien coincidió en el sindicato de la empresa.

Animado por Ōtsuka, Isao Takahata debutó como director de animación con la película Las aventuras de Hols: príncipe del sol (Taiyō no Ōji: Horusu no Daibōken, 1968), un proyecto cargado de simbología. La producción de la película tuvo polémicos entre el equipo creativo (un grupo joven de ideales comunistas) y los mandamases de la empresa. Fue un proyecto excesivamente largo (3 años), con poco presupuesto y que contaba con reticencias por parte de la empresa. Una vez finalizado, la película se estrenó en muy pocos cines y durante poco tiempo, lo que no ayudó a recuperar la inversión.

“Si quieres hacer una película animada con tus propios dibujos, creo que estarás muy limitado por tu propio estilo y habilidades. El papel del director es reunir a personas con mucho talento y dirigir su visión”.2  

 

De todas formas, el proyecto había dejado huella. Horus se desmarcaba del estilo Disney que, por aquella época, era incuestionable; innovó a la hora de darles personalidad a algunos de los personajes principales; hubo escenas donde se notaban los problemas de tiempo y presupuesto, pero otras (la escena inicial) donde demostraron todo el talento que tenían. El proyecto sentó las bases de la animación japonesa moderna y con el paso del tiempo se convirtió en un clásico que influyó a las futuras generaciones de animadores.

Pero en esa época, los gerifaltes de Tōei solo vieron a un grupo de animadores conflictivo que se había pasado de la ralla, por lo que durante el tiempo que permaneció en la empresa estuvo relegado a tareas de menor responsabilidad. Finalmente, junto a otros animadores como Hayao Miyazaki y Yōichi Kotabe, decidió buscarse la vida en otro sitio.

Época post Tōei

Empezaron trabajando en A-Pro3 en un proyecto de serie de animación de Pippi Calzaslargas, que finalmente no llegó a concretarse. Posteriormente trabajaron para Tokyo Movie Shinsha en la primera serie de televisión de Lupin III4 y Las aventuras de Panda y sus amigos (Panda Kopanda, 1972–1973)5, en 1974 aterriza en la empresa Zuiyo Eizo (posteriormente conocida como Nippon Animation) para trabajar como director de la serie de televisión Heidi, la niña de los Alpes (Arupusu no Shōjo Haiji, 1974), dentro del sello World Masterpiece Theatre. A ese proyecto6 le seguiría Marco, de los Apeninos a los Andes (Haha o Tazunete Sanzenri, 1976), Conan, el chico del futuro (Mirai Shōnen Konan, 1978), en esta ocasión trabajando a las órdenes de Hayao Miyazaki en la que fue su primera serie de televisión como director, Ana la de Tejas Verdes (Akage no An, 1979) y Chie la gamberra (Jarinko Chie, 1981–1983). Su último importante proyecto en esta etapa fue la dirección de la película Goshu el violoncelista (Sero Hiki no Gōshu, 1983), en un precioso proyecto que hizo prácticamente en sus escasos ratos libres.

Con trayectorias paralelas en el mundo de la animación, Takahata y Miyazaki habían llegado a la misma conclusión: la industria de la animación japonesa necesitaba un nuevo enfoque en el que se diera más importancia a la calidad del trabajo y de las historias que se querían contar y los animadores que la hacían posible tuvieran un mejor trato. Desgraciadamente, en las empresas para las que trabajaban en ese momento, eso era impensable. Pero en 1983 la suerte de ambos cambió. Hayao Miyazaki, quien por su parte estaba intentando conseguir financiación para un proyecto realizado según sus estándares de calidad, consiguió el visto bueno de la empresa Tokuma Shoten en parte gracias a la ayuda Toshio Suzuki. De esta forma se inició Nausicaä del Valle del Viento (Kaze no Tani no Nausicaä, 1984).

Como no tenían un equipo, contaron con la participación del estudio Topcraft7 para llevar a cabo el proyecto. Isao Takahata hizo las funciones de productor de la película y gracias a su gestión se pudo gestionar de la mejor forma posible. Además, también fue el culpable de sugerir a Joe Hisaishi como compositor de la banda sonora de la película, lo que supuso el inicio de una relación profesional aun vigente y que nos ha dado inmensas alegrías.

Nausicaä tuvo el éxito suficiente como para que Tokuma Shoten viera con buenos ojos seguir financiando el proyecto. Hayao Miyazaki acabó completamente fundido al haber tenido que dirigir un largometraje de dos horas en apenas 9 meses. Pero su cabeza nunca descansaba, por lo que decidió enviar a Isao Takahata a Yanagawa, un pueblo situado al sur del país que estaba rodado de canales. En una visita anterior, Miyazaki había quedado impresionado y pensaba que sería un buen lugar donde inspirarse para su nueva película. Takahata fue a Yanagawa en misión de exploración. Pero cuando conoció de primera mano la zona quedó tan fascinado, que al volver a Tokio le sugirió a Miyazaki grabar un documental de imagen real en lugar.

Después de pedir consejo a Toshio Suzuki, decidió financiar su proyecto con la mitad del dinero conseguido tras el estreno de Nausicaä y le dio a Takahata un año para rodarlo. Pero este, que se había obsesionado con Yanagawa, estuvo durante dos años grabando y entrevistando a sus gentes. Llegado a este punto, y con prácticamente todos los beneficios obtenidos por Nausicaä gastados, Miyazaki decidió no seguir financiando el proyecto, a riesgo de acabar arruinado. Volvió a pedir consejo a Suzuki y este le sugirió volver a dirigir una nueva película. Para ello, el 15 de junio de 1985 decidieron crear Studio Ghibli con Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki como fundadores y El castillo en el cielo (Tenku no Shiro no Laputa, 1986) como su primer proyecto. Aunque no fuera la mejor forma, ¡Studio Ghibli se formó (en parte) debido a la obsesión de Isao Takahata! De hecho, el documental de los canales de Yanagawa se estrenó en 1987, tres años desde que lo inició, después del estreno de Laputa en cines.

Época Ghibli

El castillo en el cielo fue la primera película de Studio Ghibli y, tras su buena acogida, se plantearon nuevos proyectos. Toshio Suzuki quiso probar el más difícil todavía: hacer dos proyectos en paralelo. Uno de ellos era una idea de la infancia de Hayao Miyazaki que no acababa de convencer a todo el mundo. Esa idea acabó convirtiéndose en Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988) una de las películas más emblemáticas del estudio. El otro era la adaptación de un clásico de la literatura japonesa: La tumba de las luciérnagas, que sería dirigida por Isao Takahata8. Tokuma Shoten le dijo a Suzuki que financiaría Mi vecino Totoro siempre y cuando encontrara financiación para el proyecto de Takahata. Suzuki contactó con la editorial Shinchōsa9, propietaria de los derechos de la novela, quien acabó financiando el proyecto.

Toshio Suzuki había conseguido la financiación necesaria. El problema era que ahora el estudio tenía dos proyectos en paralelo. De hecho, se iban a estrenar conjuntamente en una sesión doble. Esta situación supuso una prueba de fuego para un recién creado estudio con unos estándares de calidad tan altos. Ambos directores se repartieron el personal, contrataron a nuevos talentos y consiguieron cumplir con las fechas de entrega.

Lo que no es tan conocido es que Isao Takahata estuvo a punto de rechazar el proyecto porque él quería experimentar con un estilo de animación que se adaptara a lo que le transmitía la novela, pero no tenía margen de tiempo para ello. Al final Miyazaki le convenció de que siguiera adelante con un estilo más tradicional. No sé si en algún momento el director concretó a qué se refería cuando hablaba de experimentar, pero me gusta pensar que por aquel entonces él ya tenía la idea de lo que una década después hizo en Mis vecinos los Yamada: intentar imitar a sus referentes Frédéric Back y Yuri Norshtéin y adaptarlos a su forma de entender la animación.10

La tumba de las luciérnagas impactó a propios y extraños porque se estaba haciendo animación (para muchos algo para niños y niñas) de un tema duro y controvertido. Takahata lo resumió muy bien con esta frase:

«Creo que este tipo de proyectos tenían un lugar en el mundo de la animación y ahora la gente lo acepta. Pienso que he ampliado los horizontes de las películas de animación y, en este sentido, es uno de los trabajos más importantes que he hecho.»

Recuerdos del ayer

Tras su trabajo como productor musical Kiki’s Delivery Service (Majo no takkyūbin, 1989), la siguiente película de Takahata fue Recuerdos del Ayer (Omohide Poroporo, 1991). La salud financiera del estudio había mejorado bastante gracias al éxito en cines de Kiki’s Delivery Service y la venta de merchandising de Totoro. El estudio estaba en plena transformación interna, con el objetivo de convertirse en una empresa con trabajadores fijos que tenían una nómina y unas mejores condiciones para poder centrarse en hacer el mejor trabajo posible, dando un paso más en su ideario de lo que debía ser un estudio de animación.

El proyecto de adaptar el manga Recuerdos del Ayer estaba encima de la mesa desde finales de la década de los 1980. En un primer momento, Takahata lo rechazó. Tras acabar la producción de La tumba de las luciérnagas, decidió adaptar la historia original y convertirla en una película más adulta, convirtiendo las historias del manga en flashbacks y cambiando completamente el enfoque de la historia.

Una de las novedades en la producción de la película fue en el doblaje: al contrario de lo que suele ser habitual, los actores de doblaje realizaron su trabajo antes de crear la animación, por lo que esta tuvo que adaptarse a las voces11. Esto supuso un extra de complejidad para el proyecto. Si le sumamos la meticulosidad del director, eso provocó, una vez más, que el proyecto se retrasara según la fecha prevista, e hizo que el siguiente proyecto del estudio, Porco Rosso, tuviera que empezar más tarde12.

Recuerdos del Ayer se convirtió en la película más taquillera de Japón durante ese año, logrando un inesperado éxito para su director.

Pompoko

Tras el éxito de Porco Rosso (Kurenai no Buta, 1992) y el experimento que fue Puedo escuchar el mar (Umi ga Kikoeru, 1993), Isao Takahata se puso a trabajar en un nuevo proyecto, fruto de una idea de Hayao Miyazaki. Es la historia de un grupo de tanukis (perro mapache japonés) que ven como los seres humanos están transformando su montaña en viviendas y deciden contraatacar a su manera. Algunos la consideran una película cómica, aunque yo prefiero clasificarla como un título ecologista, agridulce y reivindicativo. Basado en parte en hechos reales, el director juega con el folclore japonés y unos personajes alegres y despreocupados para desdramatizar una situación muy preocupante.

Pompoko fue la película escogida por la Academia de cine japonesa como su candidata a mejor película de habla no inglesa en los premios Oscars. No llegó a estar entre las que optaron al galardón y finalmente el premio se lo llevó la española Belle Epoque. Tiene un enorme mérito haberlo conseguido con una película de animación.

Mis vecinos los Yamada

Tras el enorme éxito logrado por La princesa Mononoke (Mononoke Hime, 1997), Toshio Suzuki sorprendió a todo el mundo con el nuevo proyecto del estudio que iba a dirigir Isao Takahata. Se trataba de una película inspirada en unas famosas tiras cómicas publicadas en un diario japonés. Algo así como Los Simpson pero a la japonesa, con un estilo muy alejado a lo que Ghibli nos tenía acostumbrado.

Las arcas del estudio estaban llenas, por lo que en esta ocasión Isao Takahata pudo experimentar. Y vaya si lo hizo. Mis vecinos los Yamada se convirtió en la primera película del estudio realizada enteramente con ordenador, el estilo que impregnó al proyecto era como si la película estuviera abocetada y, la mayor parte del tiempo, los fondos estaban simplificados al máximo. Un simple vistazo basta para comprobar que conseguir ese resultado fue una tarea muy compleja. La película no fue un gran éxito en taquilla, pero de todas formas tiene su importancia por varias razones:

  • Hasta entonces, Studio Ghibli había usado testimonialmente los ordenadores para animar. A Hayao Miyazaki nunca le han gustado mucho y, al ser una empresa que respeta el trabajo tradicional, siempre han preferido hacerlo a la vieja usanza. Takahata cambia ese paradigma y el estudio se pone las pilas con las nuevas tecnologías. Esto fue de gran ayuda en el futuro, no solo para los nuevos largometrajes del estudio, sino para anuncios de televisión, cortometrajes, videoclips y otros proyectos que a partir de ese momento iba a aceptar.
  • A pesar de ese cambio de paradigma, el ordenador se convirtió en una herramienta más y no en un medio en sí mismo. Por esa razón, aunque es evidente el uso de las nuevas tecnologías, en la gran mayoría de ocasiones pasa desapercibido. En la mayoría de sus proyectos13, Ghibli no ha querido perder sus señas de identidad.

Convencido de que no era necesario detallar escrupulosamente el mundo cotidiano que todo el mundo conoce, utilicé este estilo para Mis vecinos los Yamada. Pensé que el superdotado Hisaichi Ishii [creador del manga en el que se basa esta película] capturó una realidad distinta de los japoneses en sus interpretaciones gráficas, y creo que hice que los personajes se movieran con mayor realidad que en las habituales películas de animación.14

Alejado de la dirección

Tras el estreno de Mis vecinos los Yamada, Isao Takahata se alejó del foco mediático. Quizá por los malos resultados de taquilla, porque ahora no era tan necesario, por falta de motivación… La mayor parte del peso y protagonismo del estudio lo cargaba a sus espaldas Hayao Miyazaki, pero con el inicio del nuevo siglo, Isao Takahata desapareció del foco mediático. Esto coincidió con la aparición de nuevos directores para las películas del estudio (como Hiroyuki Morita, Gorō Miyazaki o Hiromasa Yonebayashi) y con la etapa más brillante de Hayao Miyazaki que, con El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi, 2001) y El castillo ambulante (Howl’s Moving Castle, 2004), firmaría sus películas con mejor taquilla.

De todas formas, durante esos años Takahata no estuvo parado. Estuvo involucrado en diferentes proyectos, como libros sobre historia de la animación y unas memorias de su etapa anterior al Studio Ghibli. En el sector de la animación participó en dos proyectos: el primero fue la dirección de un cortometraje titulado Bashō para la película Winter Days (Fuyu no Hi, 2003), dirigida por Kihachirō Kawamoto. Este proyecto consistía en una recopilación de cortometrajes animados inspirados en la obra del poeta Matsuo Bashō. El otro proyecto, titulado Road to Green Gables, fue una adaptación de los seis primeros episodios de la serie de televisión Ana la de Tejas Verdes en forma de película, que se puso a la venta en 2009. Un proyecto que el director arrastraba desde finales de la década de 1980 y que acabó de concretarse en esta etapa. Desgraciadamente, no tuvo continuidad, aunque tampoco sé si estaba previsto que la tuviera.

El regreso

No estaría bien decir que Isao Takahata regresó a la dirección de largometrajes. Lo más correcto sería afirmar que Yoshiaki Nishimura le convenció para ello. Sin ninguna documentación, me imagino la escena: Isao Takahata tiene 70 años y no necesita dirigir películas. Se gana bien la vida encargándose de otros proyectos. De hecho, no creo que lo necesite realmente. Pero Nishimura quiere rescatar al director y quiere que se encargue de un proyecto que hacía muchísimo tiempo que tenía en mente. El cuento de la princesa Kaguya es la adaptación de El cuento del cortador de bambú (Taketori monogatari), un cuento folclórico del siglo X. De hecho, este cuento es el texto japonés más antiguo del que se tiene constancia. Después de leer esta historia, Isao Takahata comentó:

La historia original describe realmente las emociones de la princesa Kaguya, pero sus descripciones son insuficientes. Ella no parece tener sentimientos humanos en la mayor parte de la historia, pero cuando está a punto de abandonar la Tierra para regresar a la luna, de repente revela sus emociones. Eso no me sentó bien. Creo que otras personas también sintieron lo mismo, y podría ser por eso que no encuentran interesante la historia. Esto es lo que me hizo comenzar a pensar en producir lo que considero la historia correcta basada en mi propia interpretación.15

Aparte de adaptar el argumento de la historia original rellenando aquellos huecos sentimentales que en opinión de Takahata no quedaban claros en el cuento, en este proyecto, a nivel técnico, quiso llevar más allá la técnica que había usado en Mis vecinos los Yamada, contando a su favor la mayor experiencia de los trabajadores de Studio Ghibli y los avances tecnológicos creados durante estos años. Sobre esto comentó:

Con bocetos, tu dibujas los elementos que deseas agregar en ese momento, pero no incluyes otros elementos que consideras innecesarios. Entonces, un boceto tiene el poder de inspirar a sus espectadores a imaginar una historia detrás de él o interpretar el trabajo, a la luz de sus propios recuerdos.16

Para ello, contó con un equipo de lujo y durante casi tres años, abordaron un proyecto muy ambicioso, muy caro y que tenía todos los números para convertirse un mal negocio, comercialmente hablando. De hecho, si os fijáis, las declaraciones del director se centran en sentimientos, en inspirar al espectador y en sugerir; no en rentabilidad y fechas de entregas. En esta fase, Isao Takahata tuvo la oportunidad de ser un artista, un bohemio de una industria tan competitiva como la de la animación japonesa.

Habrá dirigido películas más redondas o exitosas, pero personalmente creo que El cuento de la princesa Kaguya es la obra maestra de Isao Takahata. Un proyecto con el que homenajeó a sus admirados Paul Grimault, Frédérick Back y Yuri Norstein y con el que demostró que se podía hacer animación japonesa de primer nivel con los valores y principios que estos animadores habían demostrado.

La película obtuvo unos resultados de taquilla bastante discretos, aunque por otra parte obtuvo numerosos reconocimientos, premios y candidaturas. Esto unido a la floja taquilla de El recuerdo de Marnie (Omoide no Marnie, 2015) propiciaron el cierre temporal de Studio Ghibli, que no podía permitirse dos varapalos económicos de esta magnitud. A pesar de eso, y de contar con con 78 años, Isao Takahata nunca anunció su retirada. De hecho, todo lo contrario:

Todavía tengo películas que podría querer hacer, pero hay una realidad de si puedo o no hacerlas a mi edad. Soy muy afortunado de trabajar con personas con mucho talento, y ciertamente no planeo retirarme y no quiero decir que estoy jubilado.17

De hecho, no solo descartó retirarse, sino que anunció que Hayao Miyazaki volvería a dirigir películas, como así fue.

Últimas palabras

La sensación que ha transmitido Isao Takahata durante su trayectoria, sobre todo en los últimos años, es la de una persona extremadamente sensible, detallista y exigente, ajeno a las modas, que ha tenido la oportunidad de hacer aquello por lo que sentía pasión y que ha transmitido con sus películas aquellos temas y valores que le conmovían.

No ha tenido una buena relación con la taquilla. Si bien logró algunos buenos resultados con películas como Omohide Poroporo, el éxito comercial ha sido cosa de Hayao Miyazaki y, a un nivel más terrenal, Hiromasa Yonebayashi. Es muy respetado entre sus colegas de profesión y normalmente bien recibido por la crítica, habiendo logrado destacables reconocimientos, tanto en su país como en el extranjero.

En mi humilde opinión, a pesar de todo lo dicho, considero que es un director bastante infravalorado por el público, sobre todo en occidente. Ahora que no está, creo que se va a echar de menos su cine y confío en que el tiempo le ponga en el lugar que se merece. Va costar mucho que aparezca una persona de sus características con la posibilidad real de afrontar proyectos como los que él ha dirigido. Tal vez porque el capitalismo busca estrellas de rock en lugar de trovadores.

Muy pocas veces me ocurre que nos abandone alguien a quien no he tenido la ocasión de conocer en persona ni cruzar algunas palabras con él y me deje con esa sensación de vacío, de que se ha ido alguien diferente, especial e importante para mí. Es algo difícil de explicar con palabras, pero posiblemente a alguno de vosotros os haya pasado lo mismo en alguna ocasión o con alguna otra persona. Con su desaparición, Studio Ghibli pierde a uno de sus pilares fundamentales y la animación japonesa a uno de sus exponentes más importantes. Lo vamos a echar de menos.

Hasta siempre, maestro.

Esta tierra es un buen lugar, no porque haya eternidad. Todos debemos llegar a su fin con la muerte. Pero en un ciclo, repetido una y otra vez, siempre habrá quienes nos sigan.18


  1. Una película atípica porque se publicó inconclusa y sin la autorización de Paul Grimault (director) y Jacques Prévert (guionista). La película se retomó tiempo después y en 1980 se proyectó íntegramente. ↩︎
  2. Declaraciones realizadas el 21 de octubre de 2014 en el diario Los Angeles Times. ↩︎
  3. Un estudio formado por animadores que abandonaron Tōei ↩︎
  4. Junto a Hayao Miyazaki y Yasuo Ōtsuka ↩︎
  5. Se trata de dos películas cortas, de poco más de 30 minutos cada una, escritas por Hayao Miyazaki ↩︎
  6. Por razones de espacio, solo destaco los proyectos donde tuvo un rol importante. ↩︎
  7. Parte de los miembros de este estudio fueron los que un año después formaron la columna vertebral del Studio Ghibli. ↩︎
  8. Takahata había leído la novela dos años antes y había mostrado interés en ella. ↩︎
  9. Esta editorial estaba interesada en introducirse en el negocio audiovisual, por lo que aceptó financiar el proyecto aun sabiendo que quizá no obtendría beneficios de él. ↩︎
  10. De todas formas, si eso fuera cierto, tengo mis dudas sobre si se hubiera podido llevar a cabo en ese momento, tanto técnica como humanamente. ↩︎
  11. Volvió a utilizar esta técnica en El cuento de la princesa Kaguya ↩︎
  12. De hecho, como todo el estudio estaba dándolo todo en la película de Takahata, se pueden ver imágenes de Hayao Miyazaki empezando a trabajar él solo en la película. ↩︎
  13. Existen algunos proyectos más experimentales, como Ghiblies, Ghiblies: episode 2 o algunos videoclips dirigidos por Yoshiyuki Momose, en los que se alejan de ese estilo tan característico. ↩︎
  14. Declaraciones realizadas el 19 de marzo de 2015 en la versión digital de la revista Wired. ↩︎
  15. Declaraciones realizadas el 29 de noviembre de 2013 en el diario Yomiuri Shimbun. ↩︎
  16. Declaraciones realizadas el 29 de noviembre de 2013 en el diario Yomiuri Shimbun. ↩︎
  17. Declaraciones realizadas el 21 de octubre de 2014 en el diario Los Angeles Times. ↩︎
  18. Declaraciones realizadas el 17 de febrero de 2015 a Associated Press ↩︎

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2 comentarios sobre “Homenaje al maestro Isao Takahata

  1. Buen artículo. Desde luego hemos tenido suerte de que sus proyectos se hayan podido financiar y hacer pensando más en la calidad que en lo comercial. Ojalá esto fuese posible más a menudo.

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