Sobre El viento se levanta

Hace unos días revisioné El viento se levanta de Hayao Miyazaki con la excusa de mi #JuegoGhibli2025. Aquí tenéis una serie de pensamientos sueltos sobre ella.

Quiero empezar con una aclaración. Este tipo de textos solía compartirlos en forma de hilo en Twitter. Sin embargo, de un tiempo a esta parte publicar un hilo en esta red social se ha compartido en un deporte de riesgo. Por eso, y por otras razones que publicaré dentro de poco, compartiré estos pensamientos en el blog.

Tuve la ocasión de ver El viento se levanta en el Festival de Sitges de 2013. Era una de las atracciones del evento que, además, conseguía estrenar la película poco tiempo después de su estreno en cines en Japón. A pesar de la expectación ante lo nuevo del maestro (lo nuevo y posiblemente lo último), muchas de las personas con las que tuve la ocasión de comentar la jugada al finalizar la película me confiaron que les había dejado fríos. Algunos incluso habían venido con sus hijos. Aunque tal vez sea algo tarde para decirlo, el Hayao Miyazaki de El viento se levanta es un poco distinto. La película es un biopic de un ingeniero aeronáutico japonés, la acción se sitúa a principios del siglo XX y, resumiendo, no es una película para menores. Podría incluso subir la apuesta y decir que los adolescentes también se aburrirán, pero creo que a esas edades dependerá de cada uno.

La película cuenta los primeros años de vida de Jiro Horikoshi, un ingeniero aeronáutico que quería ser piloto, pero que debido a sus problemas de visión optó por la ingeniería. Considero importante dejar clara una cosa: en mi opinión no se trata de una película que ensalce la guerra, el nacionalismo japonés ni nada parecido. De hecho, Miyazaki provocó una subida del precio del pan en Japón con unas polémicas declaraciones que iban en contra del sentimiento nacionalista de muchos al asegurar que Japón había cometido atrocidades durante esa época y que, en su opinión, debería disculparse.

Pero además, hay que tener en cuenta que desde los primeros compases de la película se está hablando en términos pacíficos con respecto a la aeronáutica y la utilidad de los aviones. Tanto él como Caproni (en sueños) se lamentan de la época en la que les ha tocado vivir que ha hecho que los aviones que construyen sean para matar y no para transportar personas. Decir que El viento se levanta hace una apología de las guerras es como asegurar que La lista de Schindler hace una apología del nazismo. ¿Que otro en lugar de Jiro se hubiera negado a construir aviones de guerra? Tal vez. ¿Que otro en su lugar lo hubiera dejado todo para estar con su mujer enferma? Tal vez. Él no lo hizo y Miyazaki quiso, a través de su biografía, reflejar su pasión por los aviones y un momento histórico de su país con sus luces y sus sombras.

Aunque durante la película hay momentos de magia estos son más contenidos. Ya lo he comentado antes, esta película se aleja a lo que el maestro nos acostumbró con Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro o Ponyo en el acantilado, por citar algunos ejemplos. Aunque se originó a partir de un manga sobre su afición por la historia y los aviones, como ocurrió con Porco Rosso, en esta ocasión el resultado fue más maduro y menos alegre.

El viento se levanta es recomendable para aquellas personas interesadas en la historia japonesa. En la película se puede ver lo lejos que estaba Japón de las grandes potencias occidentales y como su objetivo era recortar las distancias a toda costa a pesar de la difícil situación que atravesaba el pueblo japonés. Aunque ya sabemos lo mal que acabó ese ímpetu, merece la pena ver la perspectiva que ofrece el director japonés.

El manga en el que se inspira la película se publicó originalmente en la revista Model Graphixx en 2009 y posteriormente fue recopilado en un libro con contenido adicional. Esta obra solo se ha publicado en japonés y dudo que se edite en occidente en algún momento.

Por último, destacar el leitmotiv principal de la película: «Le Vent se Lève, il faut tenter de vivre» (El viento se levanta, hay que intentar vivir). Con esta frase da comienzo el último verso del poema Le Cimetière marin (El cementerio marino) escrito por Paul Valéry y publicado en 1920. La frase significa que, a pesar de las adversidades, los imprevistos y los cambios, tenemos que intentar vivir intensamente y actuar con determinación, como Jiro demuestra a lo largo de la película.

No fue la primera vez en la que Miyazaki (y Toshi Suzuki) apostó por un leitmotiv/frase promocional de estas características. Mononoke Hime se promocionaba con la palabra Ikiru (生きろ, vivir en japonés), reflejando una situación, la de Ashitaka, similar a la de Jiro.

Un comentario sobre “Sobre El viento se levanta

  1. Concuerdo con tu visión, aunque tengo la esperanza de que la obra original sí que se publique por acá algún día…

    P.D.: Creo que en «El chico y garza» también tenía una frase promocional similar.

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