Fin Juego Ghibli 2025

Conclusiones tras finalizar el Juego Ghibli que me propuse a principios del año pasado.

A medida que iba viendo las películas fui escribiendo mis impresiones en el blog. He de reconocer que algunas películas —muy pocas— las había visto un par o tres de veces, mientras que el resto las he visto más. Al final se me han quedado dos por ver: La tumba de las luciérnagas y Pompoko. Por ninguna razón en especial. A la lista inicial añadí un documental (La historia de los canales de Yanagawa) y otras las he visto un par de veces o más (cosas de la paternidad).

Cuando uno lleva tantos años escribiendo y leyendo sobre Ghibli puede perder de vista el conjunto y centrarse bien en lo que más le gusta o en la actualidad. Los árboles no te dejan ver el bosque. Ver (casi) todas las películas en un año me ha ayudado a ser consciente de lo increíble que resulta que un estudio de animación esté a un nivel tan alto durante 40 años, que su proyecto haya sido sostenible y que no se hayan alejado mucho de su idea. De hecho, gracias a ese éxito han conseguido logros importantes dentro del sector.

Es innegable que Studio Ghibli tiene películas mejores y otras no tan buenas, películas que se lanzaron poniendo toda la carne en el asador y otras asegurando el tiro, optimizando dinero y recursos para conseguir rentabilidad y otras que se produjeron con el tiempo justo porque no se podían permitir otra cosa.

Sin embargo, la idea que daba sentido a Studio Ghibli se mantuvo firme: hacer lo mejor posible en la situación en la que estaban y no dejarse llevar por el supuesto camino sencillo de lanzar secuelas o de abrazar las nuevas tecnologías no como una herramienta sino como una característica. El dilema —absurdo para muchos— que ha tenido Miyazaki para con la tecnología o su rechazo a crear segundas o terceras partes de Nausicaä, Totoro, Mononoko o Chihiro (citando aquellas licencias exitosas que no están basadas en obras de terceros).

Tras ver todas las películas que ha dirigido Hayao Miyazaki (Cagliostro incluido) te das cuenta de que nunca se ha repetido, aunque los temas principales estén casi siempre presentes. Y lo mismo se podría decir de Takahata, al que se le suma su atrevimiento en las técnicas usadas para animar. Es digno de mención que un señor que lo ha demostrado todo en su profesión dirija una película como El chico y la garza con 80 años. O que Takahata, tras el bache comercial de los Yamada, decida dirigir una película como El cuento de la princesa Kaguya, de la que se sabía que iba a ser un fracaso comercial aunque tuviera éxito (debido a que fue absurdamente cara de producir).

Esa combinación de ética de trabajo artesanal, creación de personajes profundos y argumentos con sustancia durante tanto tiempo de una manera constante y rentable es lo que hace a Studio Ghibli tan especial y, de alguna manera, este juego me ha ayudado a valorarlo, a tenerlo más presente y a tenerlo en cuenta de cara al futuro en mis escritos.

Te animo a que profundices en aquello que te guste. En este blog trato sobre Studio Ghibli, pero puede ser cualquier cosa. Aunque ahora pueda ir contracorriente, en un mundo en el que lo que se lleva es el consumo rápido, los resúmenes artificiales y consumir las cosas al doble de velocidad, te invito a que selecciones una película, la veas, investigues más sobre ella, te leas el libro en el que está inspirada o en los que se inspiró el director para crearlo, o algún trabajo universitario que trate el tema. Profundiza en el momento histórico en el que sucede la película, o busca curiosidades sobre ella; escucha la banda sonora teniendo en cuenta en qué momento sonaba cada tema para ver qué emociones ayudaba a transmitir o cómo se puede relacionar con otros proyectos. La idea es sacarle más partido a tu afición, disfrutar de ella y pasar un buen rato. Que al final, es lo que cuenta.

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