Crisis en el mundo de la animación japonesa

La animación japonesa gusta más que nunca. Y, a pesar de ello, está en crisis. No lo digo yo sino algunos de los pesos pesados de la industria que han participado en el artículo escrito por Sophie Laubie para The Japan Times.

Las razones de esta crisis son las siguientes:

  • Falta de animadores jóvenes.
  • Malas condiciones laborales.
  • Falta de creatividad.

Si una persona creativa quiere trabajar en el mundo de la animación japonesa y conoce las condiciones laborales que hay, es muy posible que desista de su intento. Porque si el sueldo no es bueno, hay largas jornadas laborales y las unas condiciones son malas, no va a querer hipotecar su vida en un trabajo con estas características. Pero como en este blog escribo sobre Ghibli, me voy a centrar en este asunto desde el punto de vista del estudio.

Lo primero que hay que destacar es que en el mundo de la animación japonesa no ha habido buenas condiciones nunca. Al menos por lo que hemos podido ver y leer al respecto. En la década de los sesenta, Miyazaki y Takahata (como presidente y vicepresidente del sindicato de Tōei Dōga) se quejaban de las condiciones existentes. Esta situación, aunque mala, no es la misma que la actual. En esa época la animación japonesa estaba empezando, no era la industria puntera actual y el país estaba recuperándose de los estragos de una guerra (y una derrota).

La situación no mejoró con el paso del tiempo. De hecho, cuando se fundó Studio Ghibli, Miyazaki y Takahata seguían destacando las malas condiciones laborales existentes y que, en parte, eso era un handicap a la hora de poner en práctica la forma de trabajar que tenían en mente. Tras el exitoso estreno de Kiki’s Delivery Service, en Ghibli se propusieron dar un paso adelante e hicieron unos cambios que beneficiaron a los trabajados:

  • Se contrató a una plantilla fija, con un sueldo mensual. De esta manera se acabó el trabajar por cantidad de piezas hecha y se hizo por calidad del trabajo.
  • Se enseñaba a los recién llegados a trabajar al estilo Ghibli. De esta manera, cuando pasaban a trabajar en el estudio ya tenían las bases asimiladas y, al entrar a formar parte de una plantilla fija, con cada nuevo proyecto se ganaba más experiencia. Otra ventaja es que en Ghibli no tenían que explicar cómo querían las cosas una y otra vez.
  • Esta situación propició que se aceptaran más proyectos para que el tener una plantilla fija fuera rentable. Así más animadores asumieron cargos de más relevancia, lograron más experiencia y el estudio tenía más ingresos.
  • Aunque fue posterior, en Studio Ghibli mandaron construir una guardería próxima al estudio para los hijos de los trabajadores. Con este gesto no solo se preocupaban por sus trabajadores, sino también por sus familias.

Esta forma de gestionar un estudio de animación no se había hecho hasta ese momento (y no sé si alguien lo ha imitado). Aparte del riesgo que se asumía con estas nuevas condiciones, en Studio Ghibli decidieron subir la apuesta y aumentar el presupuesto para algunos de sus proyectos, aumentar la calidad y diseñar campañas de promoción más agresivas a la espera de lograr una rentabilidad mayor. Gracias a esta filosofía surgieron proyectos exitosos como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, El castillo ambulante, Ponyo en el acantilado, Arrietty y el mundo de los diminutos y El viento se levanta; otros que fueron rentables como Haru en el reino de los gatos, Cuentos de Terramar, La colina de las amapolas; y otros que no funcionaron como Mis vecinos los Yamada, El cuento de la princesa Kaguya y El recuerdo de Marnie.

El problema de esta forma de trabajar es que está supeditada a la estrella de Hayao Miyazaki1. Sin él no es lo mismo y, por eso, cuando decidió retirarse en septiembre de 2013, Toshio Suzuki decidió cerrar las puertas del estudio. Podría haber intentado adaptar la fórmula con otros directores, pero incluso antes del estreno de El recuerdo de Marnie, Suzuki había tomado ya la decisión2

¿Cuántos Hayao Miyazaki hay en la industria de la animación japonesa? A nivel de taquilla, desde hace dos películas, podríamos incluir en este selecto club a Makoto Shinkai. Pero más allá de él, el resto de directores de renombre están varios peldaños por debajo. Y una taquilla no tan buena hace que los productores quieran invertir lo justo para obtener un resultado bueno y sacar el máximo beneficio. Para el resto, la clase media baja, la situación es peor. Muchos proyectos, poco tiempo para desarrollarlos, sueldos bajos y, en la mayoría de casos, asumir el menor riesgo posible. Por esa razón, en muchos casos, se lanzan proyectos de temáticas y aspectos similares. Si un tema gusta y tiene éxito, se lanzan todos los productos posibles de esa temática hasta que el espectador deja de mostrar interés.

¿Qué hizo Studio Ghibli al respecto? No quiso oír hablar de hacer segundas partes3 de sus películas más emblemáticas. Así nos hemos quedado sin la segunda parte de Mi vecino Totoro, Kiki’s Delivery Service, Porco Rosso, La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro y otras tantas. A priori, proyectos que podrían haber sido muy lucrativos y que muchos estarían encantados de ir a verlos al cine.

Ante esta situación y lo arriesgado y complicado de afrontarla como lo hizo Ghibli, existe una alternativa de la que ya hemos visto algunas muestras. ¿Os acordáis del reportaje Hayao Miyazaki: Never Ending Man en el que Nobuo Kawakami, Director de tecnología de Dwango, le mostró a Hayao Miyazaki y Toshio Suzuki un programa de ordenador que hacía gran parte del trabajo de un animador? A Miyazaki no le gustó nada la idea pero es una alternativa a esta situación. Que los ordenadores se encarguen de gran parte de la animación es un logro enorme desde el punto de vista empresarial:

  • Un ordenador no tiene jornada laboral.
  • Un ordenador no se queja de sus condiciones laborales.
  • Un ordenador no tiene sueño.
  • Con una flota de ordenadores se solucionaría el problema de la falta de una cantera de jóvenes animadores. Haría falta un menor número de personas para controlar y dirigir.

Pero desde un punto de vista romántico, va en contra de la animación artesanal. Pero eso no creo que moleste a las empresas que ponen el dinero. Posiblemente estemos ante el futuro de la animación japonesa y una característica que marcará la diferencia entre estudios: los modernos y los tradicionales. O tal vez, como ya hizo Studio Ghibli, haya algún estudio que se plantee una solución intermedia, adaptando las nuevas tecnologías pero con un estilo artesanal. El tiempo lo dirá.

En más de un sentido los aficionados a Studio Ghibli estamos mal acostumbrados. Aunque cada uno tenga sus preferencias, no se puede negar que el nivel de los proyectos de la compañía es alto por defecto, con momentos excelentes muy frecuentes. También es cierto que, salvo al maestro Takahata (al que parece que no le daba mucha importancia al dinero), muchos de estos proyectos han sido rentables4, y algunos de ellos muy rentables. Y podemos llegar a pensar que hacer esto es lo habitual. Y no lo es. De hecho, Studio Ghibli ha sido una excepción. Hizo su apuesta y durante muchos años le funcionó. Pero la industria está en crisis y aunque parece claro cómo lo está afrontando Studio Ghibli5 no sabemos cómo la van a hacer el resto. El tiempo lo dirá, pero es una pena que los ordenadores puedan pasar de ser una herramienta a ser un medio y que las animaciones se puedan convertir en productos en serie.

¿Qué os parece a vosotros?


  1. También es cierto que en Ghibli no han podido/sabido, por una serie de razones, buscar una alternativa fiable. ↩︎
  2. El resultado en taquilla de Marnie le confirmó la decisión, aunque también es cierto que no se podía aspirar a un taquillazo con una película de estas características. ↩︎
  3. A excepción de Ponyo en el acantilado, de la que Miyazaki parecía estar dispuesto a ello antes de embarcarse en El viento se levanta. ↩︎
  4. De hecho, muchas de las películas de segunda fila de Ghibli han sido más rentables que la mayoría de la competencia ↩︎
  5. Al menos para la próxima película de Hayao Miyazaki. ↩︎

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