Sobre Puedo escuchar el mar

Hace unos días volví a ver Puedo escuchar el mar de Tomomi Mochizuki con la excusa de mi #JuegoGhibli2025. Aquí tenéis una serie de pensamientos sueltos sobre ella.

Puedo escuchar el mar es de esas películas que son ninguneadas por muchos aficionados a Studio Ghibli porque no es un proyecto dirigido por Hayao Miyazaki, porque no tiene nada especial ni mágico. Esta serie de ideas al azar tienen como objetivo que te lo replantees de alguna manera.

  • He querido ver la película justo después de Cuentos de Terramar porque pertenecen a ese grupo de películas menores del estudio.
  • Puedo escuchar el mar es un proyecto atípico, creado por los integrantes más jóvenes de Studio Ghibli a principios de los 90. No contó con la colaboración ni de Hayao Miyazaki ni de Isao Takahata. Fue un experimento curioso que se debió principalmente al auge que tuvieron las películas del estudio tras Kiki’s Delivery Service y la necesidad de aumentar el ritmo de producción, tener una cantera de garantías y, sí, otra vez, un relevo generacional.
  • Una de las críticas que se le puede achacar a este especial de televisión es su argumento. Ni hay magia, ni hay aventuras. ¡Es un triángulo amoroso! Durante esa época se produjeron muchas series de triángulos amorosos: Kimagure Orange Road, Touch o Ranma 1/2, por citar algunos. En Studio Ghibli decidieron contratar a Tomomi Mochizuki, director de la serie de televisión Ranma 1/2 para dirigir a un grupo de novatos con poca experiencia. Si idea, al contrario de lo que es habitual, es crear un triángulo amoroso realista, con personajes con los que el espectador se puede sentir identificado y con un personaje femenino fuerte, que demuestra el cambio que empezaba a mostrarse en la sociedad japonesa.
  • La obra está basada en una novela homónima escrita por Himuro Saeko que se publicó por entregas en la revista Animage. Todo queda en casa. Además, el encargado del diseño de los personajes fue Katsuya Kondō, integrante del estudio y del proyecto. Una manera de facilitar algunas etapas del proyecto. Ignoro la fiabilidad del especial de televisión respecto al original porque no he tenido la ocasión de leer la novela, pero no da la sensación de que se hayan complicado la vida con cambios. Eso supone un cambio con respecto a lo que suele ser habitual en Ghibli, donde Miyazaki y Takahata se toman algunas libertades creativas. Pero, ojo, estamos hablando de un proyecto que se tenía que hacer en poco tiempo por trabajadores inexpertos.
  • Técnicamente el proyecto es correcto. No se complicaron. Hubo poco tiempo y se nota, pero tampoco hay dejadez ni nada por el estilo. Se dejan las piruetas animadas para las películas importantes. Son conscientes de que esto es un experimento y, saben qué pueden y qué no pueden hacer. A pesar de eso, fueron muy justos de tiempo.
  • La saga de Terramar está mejor técnicamente (son proyectos distintos), pero al contrario que esta, el argumento es entretenido y no tiene altibajos. Es cierto que es una historia breve en la que no se da tiempo a que evolucionen los personajes, pero al menos no hicieron que Rikako matara a su padre…
  • Cada vez valoro más estas películas con trabas que consiguen un producto digno. La animación no solo son las películas ambiciosas de gran presupuesto. También tiene que haber sitio para productos menos ambiciosos y dignos como Puedo escuchar el mar.