Ayer volví a ver Cuentos de Terramar de Gorō Miyazaki con la excusa de mi #JuegoGhibli2025. Aquí tenéis una serie de pensamientos sueltos sobre ella.
Cuentos de Terramar tiene el estigma de ser una de las películas que menos convence a los aficionados a Studio Ghibli. Algunos le tendrán manía al director, otros pensarán que no es una buena adaptación y otros que no es una buena película de animación, sin menospreciar a aquellos a los que les encante. Si aceptamos estos cuatro grupos como válidos, yo estaría en el segundo grupo y a continuación tenéis mis argumentos.
- La película adapta una saga de novelas escritas por la norteamericana Úrsula K. LeGuin. Una obra y una autora por la que Hayao Miyazaki siente admiración y a la que había propuesto colaborar en el pasado. En textos de este blog y episodios del podcast he tratado la gestión de este contrato, la falta de claridad de Hayao Miyazaki y Toshio Suzuki y la decepción de la escritora.
- La película adapta los libros tercero y cuarto y hace referencia al segundo (Las tumbas de Atuan) brevemente. Gorō Miyazaki se toma muchas libertades argumentales a la hora de adaptar la historia. No me refiero a que elimina partes de la trama original, sino que hace cambios importantes. El que más llama la atención es el asesinato de su padre. Si no has visto la película no te estoy destripando nada; esto ocurre a los 10 minutos. La propia autora, tras ver la película y después de un tiempo de reflexión, escribió una carta pública criticando aquello que no le gustó de la adaptación.
- Hace tiempo que leí la saga de novelas y no las recuerdo con claridad. Creo que, menos la segunda, el resto se podrían haber convertido en buenas películas de animación. Sin embargo, casi 20 años después sigo preguntándome por qué no se adaptó la primera novela. Sé que en Ghibli no son de segundas partes, pero aunque solo hubieran creado una sola película, esa trama hubiera sido válida.
- Ignoro el trasfondo que le llevó a Gorō Miyazaki (y tal vez a Toshio Suzuki) a elegir adaptar la tercera novela y, sobre todo, a hacer cambios tan drásticos. Lo que me ocurre con esta película es que nunca acabo de empatizar con el protagonista, con sus inquietudes y miedos. Si uno hace un repaso a las personalidades de los protagonistas de las películas de Studio Ghibli ve un cambio: se pasa de las protagonistas con iniciativa, asertivas y bondadosas o personajes más oscuros, más pasivos y, en ocasiones (El recuerdo de Marnie) depresivos. Y me parece bien reflejar el zeitgeist del momento para atrapar al espectador o para contar tu historia de la manera más actual posible. Pero si quieres hacer eso no desbarates la posibilidad de adaptar un clásico de la literatura y crea algo nuevo, o busca otra historia que se parezca más a lo que quieres contar. La gran queja que tengo —y que se agranda con cada nuevo visionado— es esa: su argumento.
- A nivel técnica la película es correcta. Si la comparamos con otras películas de su rango como Arrietty y el mundo de los diminutos o El recuerdo de Marnie no desentona en absoluto. No tiene grandes alardes técnicos pero el diseño de arte es excelente y la animación correcta. La música es, en mi opinión, una de las grandes perjudicadas.
- Entiendo que el director no debió pasarlo bien durante la producción de la película, teniendo en su padre una rémora y alguien que, públicamente, criticaba a su propio hijo. Entiendo que eso hiciera que hubiera días en los que la presión te pudiera y no pudieras dar el 100 % en tu trabajo, que además era su debut no solo como director sino en el mundo de la animación. Entiendo que no debe ser plato de buen gusto que la promoción de la película se centre en la relación tóxica entre tu padre (el gran Hayao Miyazaki) y su hijo suya única intención fue ayudar. Pero eso no es razón para darle la vuelta al argumento de una historia como se hizo.