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¡Bravo, Takahata!

El origen de este artículo viene de la noticia que leí hace unos días en AnimeNewsNetwork en la que se confirmaba que Isao Takahata declinaba la oferta de formar parte de la Academia de las Artes y las Ciencias americanas. En ese momento me pareció una noticia lógica, coherente, aunque reconozco que no soy muy parcial. Con el paso del tiempo le fui dando vueltas al tema, intentando unir los puntos de atrás hacia delante. La conclusión a la que llegué es que, a pesar de la cara de no haber roto nunca un plato, Isao Takahata es una persona de armas tomar.

En sus inicios

En más de una ocasión he destacado la osadía del joven Hayao Miyazaki, cuando tan solo era un novato, a la hora de sugerir, proponer y participar más allá de sus funciones en los proyectos en los que participaba. En esos momentos, supongo, uno debería estar más preocupado de llegar a fin de mes y no perder el trabajo.

Isao Takahata, sin ser tan vehemente como su compañero, tampoco se quedó corto. En su primera película como director —Las Aventuras de Hols: Príncipe del Sol (1968)—, Takahata desobedeció las indicaciones que recibía desde Toei Doga e intentó hacer una película diferente a lo que se había visto hasta entonces. Después de tres años de producción y de enfrentarse a quien le daba de comer, la película se estrenó testimonialmente y Takahata no volvió a dirigir una película para la empresa. A pesar de todo, Las Aventuras de Hols: Príncipe del Sol se convirtió en una película de culto y precursora de lo que con el tiempo sería una nueva forma de hacer animación en Japón.

A pesar de su conflictivo debut, no siempre iba a ser un chico malo. Tras su marcha de la Toei, Isao Takahata trabajaría en muchos proyectos en diversos roles: en ocasiones encargándose del proyecto completo en puestos de responsabilidad y en otras colaborando de forma temporal, ya sea animado el opening/ending o algunos episodios sueltos.

Supongo que esa sensación de trabajo en cadena, entre otras muchas cosas, fueron el detonante de que se planteara la opción de fundar su propio estudio junto a Hayao Miyazaki. De todas formas, no me gustaría acabar este apartado sin hablar de Goshu el violoncellista (1982), una película de animación que dirigió en 1982 y que resume muy bien cuáles eran las intenciones del director en un futuro a corto plazo.

Goshu fue un proyecto en el que Takahata se embarcó tarde, pero que salio adelante gracias a la iniciativa y las ganas de unos animadores que querían llevar a cabo este proyecto a pesar de las circunstancias. Seguramente, si la película no hubiera sido dirigida por Takahata, pocos nos acordaríamos de ella. Pero lo cierto es que, a su manera, el director mostró su rechazo al sistema de trabajo en la animación y reivindicó esa faceta artesanal que tanto echaba en falta.

El Studio Ghibli

Junto a Hayao Miyazaki y el apoyo financiero de Yasuyoshi Tokuma, Isao Takahata fundó el Studio Ghibli. Si bien al principio dejó que su compañero liderara los primeros proyectos, su labor inicial fue muy importante para el futuro de la compañía. Hayao Miyazaki era (y es) un temperalmental director que necesitaba alguien que se encargara de lo aburrido. Takahata fue ese hombre. Él se gestionó el estudio, creó un sistema de trabajo eficiente y económico con la vista puesta en su verdadero objetivo: tener un núcleo de trabajadores fijo, que aprendiera a trabajar al estilo Ghibli y que se ganara la vida dignamente sin tener que saltar de proyecto a proyecto.

En 1988, tras dirigir un documental de imagen real financiado por Hayao Miyazaki, Isao Takahata se encargó de su primera película para el estudio: La Tumba de las Luciérnagas (1988). Un proyecto atípico, al estar financiado por la propietaria de los derechos de la novela homónima —Shinchosa— que invertía en la película a fondo perdido, y estrenarse en cines junto a Mi Vecino Totoro. Dos películas que, comercialmente, no tuvieron una taquilla muy positiva, pero que fueron positivas por dos motivos: los beneficios que posteriormente se obtendrían de la venta de merchandising de Totoro y la demostración de que Ghibli no era únicamente Miyazaki, que podían ofrecer otro tipo de cine de calidad.

Ya entrada la década de los noventa, los cimientos de la compañía eran más sólidos e Isao Takahata vivió su época más prolífica como director: Recuerdos del Ayer (1991), Pompoko (1994) y Mis Vecinos los Yamada (1999). Excepto Pompoko (basado en una idea de Hayao Miyazaki pero desarrollada por él), el resto de sus películas están basadas en obras de terceros. En ocasiones eran encargos propuestos por Toshio Suzuki, Productor ejecutivo de las películas del estudio a los que Takahata hacía suyos, aportando detalles que en muchas ocasiones cambiaban el enfoque del proyecto.

No fue hasta 2013 que Isao Takahata volvería a estrenar una película, El cuento de la Princesa Kaguya. Yoshiaki Nishimura, Productor ejecutivo de la película, confesaba en un documental sobre la película que estaba empeñado en conseguir que Takahata dirigiera esa película (el director se hizo bastante de rogar). Un proyecto del que, estoy convencido, muchos sabían que iba a ser la ruina de la compañía debido a lo costoso de la producción y lo difícil que sería recuperar la inversión de una película de esas características.

Conclusiones

Lo que no se puede negar en ninguna de sus películas es que Isao Takahata hizo lo que quiso y en muchas ocasiones lo hizo como quiso, experimentando con nuevas y costosas técnicas para conseguir el resultado que buscaba.

Ya podía ser la adaptación de una novela como sobre la Segunda Guerra Mundial que le recordaba los malos momentos vividos durante su infancia; o los recuerdos de niñez de una mujer adulta que tiene dudas sobra qué hacer con su vida o la adaptación a largometraje de los primeros ocho episodios de una serie de televisión que dirigió en la década de los setenta (?). Cuando Takahata decidía ponerse manos a la obra, era porque quería compartir algo con el público y lo hacía tal y como él lo sentía, expresándolo de la mejor forma que la técnica y presupuesto se lo permitiera.

En mi opinión, Isao Takahata es un artesano de la animación al que el puesto de fundador del Studio Ghibli le sobra, debido a la altísima responsabilidad que conlleva. Posiblemente a él le hubiera gustado un rol más parecido al que tenía su amigo Frédéric Back (1924–2013), director de animación más conceptual y experimental, ganador de dos premios Oscar.

Takahata no parece preocupado por las taquillas. Al contrario que su amigo Miyazaki, no ha dado con la fórmula de contar lo que él quiere de la forma que al público mayoritario le gusta. El quiere expresar lo que siente nutriéndose de relatos de otras personas que adapta y transforma. Y a pesar de que no tiene mucho éxito en taquilla, a pesar de que no muchos valoran su cine, los premios y reconocimientos le llegan. Quizá, con el paso del tiempo, el público se dé cuenta de su grandeza.

Y todo esto me lleva al origen de este artículo. ¿Alguno de vosotros se imagina a Isao Takahata formando parte de la Academia de Cine americano? ¿Alguien cree que Takahata verá películas (que quizá no quiera ver) para evaluarlas? ¿Alguien cree que formará parte de todo esto? Yo creo que, sea cual sea el tiempo que le queda en activo, Takahata seguirá con su vida hasta que, si eso sucede, algo le llame la atención hasta el punto de querer contárnoslo y enfrascarse en un nuevo proyecto. Y, si ese día llega, ahí estaré para verlo.

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