Con el debido respeto

Ghibli Kaze Tachinu - opinión Hayao MiyazakiNo supone ninguna novedad para el aficionado que sigue la actualidad relacionada con el Studio Ghibli que Hayao Miyazaki siempre se ha caracterizado por hacer declaraciones controvertidas. O que se le han dado más importancia de la debida. O que se han malinterpretado al traducirlas. O vete tú a saber. El caso es que al señor Miyazaki le gusta hablar y no se corta a la hora de dar su opinión. Tal vez sea por la edad o tal vez por su carácter, lo que no se puede negar es que no suele dejar indiferente con sus declaraciones.

Kaze Tachinu está siendo un proyecto polémico en varios aspectos: por un lado el tema central de la película –la Segunda Guerra Mundial– está levantando ampollas, sobre todo en Japón. Por otro lado, algunas declaraciones realizadas a raíz de la promoción de la película, que han escocido y mucho en la sociedad japonesa, y por otro  las quejas de una asociación anti tabaco que se ha quejado de la cantidad de gente fumando que aparece en su última película.

Miyazaki es una persona muy conocida en Japón y sus opiniones tienen más trascendencia –que no importancia– de las que tendría las de otro animador. Esto es así. El motivo de este artículo no tiene nada que ver con ninguna de las polémicas arriba citadas, sino con unas declaraciones que hizo en la edición digital del diario Asahi Shimbun, con fecha del día 4 del pasado mes de agosto.

Q: You say you can’t be responsible for anything that happens beyond your figurative boundary, but in reality you are influencing countless people through your films. What do you say about that?
A: I make films as a business, not as a cultural endeavor. My films just happened to be successful. If people weren’t interested in what I make, my company would go belly up in no time. Some of my staff who joined Studio Ghibli recently seem to think they’ve landed a job in a stable company, but that’s pure illusion and outright ludicrous.

Traducido al vuelo al castellano por un servidor –disculpad los errores–, sería algo así como:

P: Usted dice que no puede hacerse responsable de nada de lo que sucede más allá de su radio de acción, pero la realidad es que usted está influyendo a numerosas personas a través de sus películas. ¿Qué tiene que decir sobre esto?
R: Hago películas como negocio, no como un esfuerzo cultural. Mis películas se producen para lograr éxito. Si la gente no estuviera interesada en lo que hago, mi compañía se iría a pique en poco tiempo. Algunos de los miembros de mi equipo que se han unido recientemente al Studio Ghibli piensan que han llegado a una compañía estable, pero esto es pura ilusión y francamente ridículo.

Cuando se publicó esta noticia, hubo gente que no estaba en absoluto de acuerdo con estas declaraciones, mientras había otros que de alguna forma entendían lo que quería decir. Yo empecé posicionándome en el primer grupo y poco a poco –de ahí la razón de que escriba estas líneas casi un mes después de haber leído las declaraciones– he intentando interpretar las palabras del maestro. A pesar de todo, no puedo estar de acuerdo con la esencia de su mensaje y a continuación vienen mis argumentos.

Argumentos

¿Realmente es necesario hacer una película como Kaze Tachinu “solo” para hacer negocio? ¿Creéis que cuando una persona piensa en su próximo proyecto y se propone hacer un producto exitoso –comercialmente hablando– la idea resultante será hacer un largometraje adaptando una novela y la biografía de un constructor de aviones (de combate) en la época de la Segunda Guerra Mundial? Sinceramente, ¿no creéis que hay ideas menos arriesgadas para “hacer dinero”?

El origen de Kaze Tachinu –como sucedió con Porco Rosso– fue un manga corto publicado en la revista Model Graphix. Seguramente ese era el sitio más adecuado para publicar una historia de estas características (ojo, teniendo en cuanta el objetivo: ganar dinero), una publicación realizada por aficionados a las maquetas que estarán encantados de publicar en sus páginas una historia del sensei. Sin menospreciar la publicación –que seguro que es muy digna y de muy buena calidad– sus páginas serán leídas por un sector muy pequeño de aficionados. ¿En serio pensáis que la idea menos arriesgada y rentable que le surgió a Hayao Miyazaki fue esa, adaptar una historia corta de esas que tanto le gustan?

¿Cuántos estudios de animación han tocado temas escabrosos en sus películas (o en sus declaraciones)? ¿Habéis visto alguna superproducción de Pixar, Disney, Dreamworks o cualquier otra compañía americana sobre la Guerra de Iraq? ¿O sobre Vietnam? ¿Habéis visto a Aardman produciendo una película sobre el holocausto nazi? En su lugar, crean productos de una gran calidad técnica, pero con guiones calculadísimos, para evitar que ninguna persona nadie se sienta herida. En su lugar, miran las cifras y hacen segundas y terceras partes de los proyectos que más han gustado. Y, sinceramente, si tienen una buena historia, no hay nada malo en ello. Eso, para mí, es querer “hacer negocio”. A esos niveles no existen los mecenas y todo el mundo quiere ver recompensada su inversión y como no les gustan los sustos, exprimen la fórmula que casi siempre les funciona.

Si, según las declaraciones de Miyazaki, el Studio Ghibli busca hacer negocio, ¿por qué no imita la fórmula? ¿Por qué no empieza a trabajar en la segunda parte de Totoro, Mononoke Hime, Chihiro o Ponyo (y solo he citado las películas de Miyazaki que no están basadas en ninguna novela o manga). Como aficionado al Studio Ghibli y conociendo su filosofía de trabajo, entiendo que eso sería algo parecido a una “herejía” pero, si lo hicieran bien, con sentido y una buena historia ¿cuántos de nosotros dejaríamos de ver esa película? Eso, sin lugar a dudas, atraería a una cantidad de público descomunal. Eso sería “hacer negocio”.

“Sugerencias”

De cara al año que viene, propongo que el Studio Ghibli no anuncie ninguna película y que, una semana antes del estreno, cuelgue en 451 cines (los mismos en los que hoy se puede ver Kaze Tachinu) un póster a buen tamaño con una imagen promocional de la segunda parte de Totoro, Porco Rosso, Mononoke Hime, Chihiro o Ponyo. Estoy convencido de que el día del estreno está lleno a reventar. Y eso sin hacer apenas promoción. Imagínate si lo promocionan como últimamente lo están haciendo.

Sugeriría al Studio Ghibli de los productos de merchandising con materiales de buena calidad. Para qué quieres unos hashiokis de Totoro con arcilla de calidad de una región de Japón famosa por sus jarrones cuando puedes hacer lo mismo con plástico. ¿Por qué no inundas las tiendas de juguetes de licencias de tus productos. Métete en la vorágine de merchandising que es Japón, promociona restaurantes de comida rápida, bebidas energéticas y cualquier otro produto. Eso también sería hacer negocio. Y económicamente muy bueno, seguro.

Al hilo de los productos de merchandising, saca películas con las que puedas explotar el merchandising. Para qué producir una película para adultos sobre aviones, cuando puedes hacer una película infantil sobre adorables bichos, espíritus del bosque o cualquier cosa peluchable. Eso también sería hacer negocio y lo hacen todos (los que pueden). Empresarialmente sería una jugada maestra.

Acabando

Como he comentado al principio, puedo llegar a entender las declaraciones que ha hecho Hayao Miyazaki. En parte, me pongo en la piel de una persona que las ha pasado de todos los colores para llegar hasta donde está y que seguro que piensa que no es el mejor momento para relajarse y vivir de las rentas. También estoy convencido de que parte de lo que dice es cierto –si encadenan varios fracasos seguidos, la existencia del Studio Ghibli quedaría en entredicho–, pero no digas que haces esto por negocio, porque no te va a creer nadie. No, porque muchos hemos visto tus películas y los valores que transmites. No, porque hemos leído declaraciones en las que dejabas clara cuál era la filosofía del Studio Ghibli ante algunos temas: calidad del trabajo, tipo de merchandising, promoción de productos de dudosa calidad… No, porque durante todo este tiempo os habéis sabido mover con bastante soltura en una parcela en la que hoy en día no hay muchos animadores, una en la que se combina la rentabilidad con el arte y con los principios, pero no con el nogocio.

Entiendo que quiera lanzar un mensaje de cautela y de humildad, pero de ahí a menospreciar su trabajo y el de cientos de personas con este tipo de declaraciones son cosas que no acierto a comprender.