Herederos

Mientras trabajo en los textos del segundo libro de la Antología del Studio Ghibli estoy teniendo la oportunidad de profundizar en algunos temas interesantes que están más de actualidad que nunca. Gracias a la oportunidad que tengo de revisar algunas películas antiguas, sus orígenes y las declaraciones de sus protagonistas, me voy creando una opinión sobre cómo se ha llegado a la situación que actualmente vive el estudio. Uno de los temas que más incertidumbre despierta es –sin duda– la sucesión en el Studio Ghibli.

Personalidad propia

Sería un error buscar a un clon de Hayao Miyazaki e Isao Takahata. Por poner un par de ejemplos más “occidentales”, sería absurdo buscar un clon de alguien como Steve Jobs para Apple o de Josep Guardiola para el F. C. Barcelona. Puedes mantener una filosofía, puedes haber aprendido directamente de esa persona, incluso el sucesor puede querer emular a su maestro, pero tus circunstancias y situaciones serán distintas. Los sucesores que –dentro de unos años– llevarán el peso artístico del Studio Ghibli deben hacerlo a su manera, pero siguiendo los principios básicos del Studio Ghibli.

En estos momentos estoy ultimando el capítulo dedicado a Haru en el Reino de los gatos y he tenido la ocasión de profundizar más en una película a la que –lo reconozco– no le había prestado mucha atención. Al margen de ser considerado un proyecto menor –y con razón– esta película tiene el honor de ser la primera muestra –tras la muerte de Yoshifumi Kondo– de que en el Studio Ghibli estaban planificando seriamente la sucesión.

Al final uno de los objetivos del proyecto no fraguó, pues Morita no ha dirigido más para el Studio Ghibli. Pero, en mi opinión, el resto de metas se cumplieron: completar un proyecto exitoso –fue la séptima película más vista del año–, rentable –buena relación calidad/tiempo– y que permitió a la empresa lanzar más productos que en la década de los 1990. Esta situación se ha repetido a partir de entonces, en proyectos como Terramar, Arrietty o Kokuriko zaka-kara con muy buenos resultados.

Sentando las bases de un futuro sin los maestros

Se puede considerar que estamos en una etapa de transición en el Studio Ghibli. Una etapa de traspaso de poderes en la que por una parte están ayudando –sobre todo Miyazaki– a directores noveles en sus primeros proyectos y por otra se crea una cantera de excelentes profesionales (un buen director sin un equipo no podrá hacer mucho).

La siguiente fase del proyecto empezará cuando Miyazaki y Takahata decidan retirarse y toda la responsabilidad recaiga en esos directores que, con suerte, habrán podido dirigir dos o tres proyectos importantes con los que habrán ganado experiencia. Mientras tanto –durante esta etapa de aprendizaje– los resultados de taquilla no están siendo nada malos y la crítica valora positivamente la mayoría de proyectos.

Más herederos

No nos cansamos de hablar de los herederos de los animadores, pero poco se ha hablado uno de los pilares del estudio: Toshio Suzuki. El productor ejecutivo de la mayoría de proyectos de la empresa tiene 64 años y, aunque su trabajo no sean tan duro como el de un animador, el día de su retirada está cada vez más próximo.

En mi opinión, hay que tener tanto mimo a la hora de seleccionar al heredero de Toshio Suzuki como a los de Miyazaki y Takahata, pues un mal productor ejecutivo puede echar a perder gran parte de lo que esta empresa ha conseguido en todo este tiempo.

Conclusiones

Hasta la fecha, todos los proyectos del Studio Ghibli han tenido una razón de ser lógica con la progresión del estudio. Habrá proyectos mejores y los habrá no tan buenos –sin duda– pero desde hace un tiempo en el estudio están sembrando para obtener una buena cosecha de nuevos directores y animadores que con el tiempo se convertirán en la columna vertebral del Studio Ghibli del futuro.

Hayao Miyazaki no empezó dirigiendo Totoro, Chihiro o Ponyo. Seguro que antes de eso participó en muchos otros proyectos, cometió errores, aprendió y acumuló experiencia hasta convertirse en uno de los mejores directores de animación del mundo. En el Studio Ghibli no suelen dar pasos en falso, por lo que apuesto por darles un voto de confianza aunque haya alguna película que no sea excelente.